Tuve el honor de conocer a este hombre que hoy es ya un anciano, hace algo más de diez años.
Lo acompañé en un difícil camino de recuperación de dolencias psicológicas muy severas.
Acompañarlo y ayudarlo a superar sus dificultades fue un placer, un honor, como dije, y una aventura extraordinaria.
Había incursionando en el psicoanálisis , cuando nacía en Europa el furor por estos descubrimientos científicos que resultaban fascinantes.
Fue atendido por profesionales freudianos y jungianos que hicieron por él lo que estaba a su alcance, ya que en aquellas horas, había mucho camino que recorrer aún para poder garantizar resultados perdurables.
A su lado, aprendí mucho, como terapeuta y como persona. Tuve el enorme privilegio de escuchar de su boca relatos detallados de la Segunda Guerra Mundial, de la que fue testigo y parte.
Escritor, poeta, retratista,personalidad singular,ha mejorado mucho y ya no necesita de mis sevicios.
Al despedirse, me ha preguntado si llegada la hora de su muerte yo aceptaría visitarlo y acompañarlo.
Sentí que mi corazón se estremecía. Un nudo en la garganta me hizo difícil responder y tuve que respirar muy profundamente.
Querido amigo, más que paciente maestro, no me pidas que acuda a la hora de tu partida.
Te llevaré en mi corazón por siempre, honraré tu memoria y cumpliré con mi promesa de hacer de tu sufrimiento, un instrumento de sanación para otros sufrientes que la vida me encomiende.
martes 28 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Maria Elena:
ResponderSuprimirLeer despedida, me produjo una profunda emoción, una sensación en mi piel y todo mi cuerpo muy singular.
Realmente para este Sr significas mucho y por eso te ha pedido estes a su lado, misión dificil
Tu respuesta ha sido maravillosa.
Liliana López