lunes 25 de abril de 2011

El valor de la amabilidad.,


Después del fin de semana largo volvemos al trabajo y a las actividades cotidianas.
Nos cuesta retomar el ritmo y dejar de lado el sabor agradable de la libertad de hacer lo que uno quiere, cuando uno lo desea y volver a la exigencia horaria , las dificultades de tránsito y los embotellamientos producidos por los piquetes, las manifestaciones y los cortes varios que afectan a la capital y sus ingresos.

El miércoles pasado, mientras esperaba para cargar nafta, observé a las personas que se encontraban en la fila,esperando un colectivo que transporta pasajeros desde la zona de Olivos hacia la capital.

Me llamó la atención el gesto de esas personas, en su mayoría mujeres.
Observé el rictus de sus bocas. No pude evitar asociarlo con la carita triste que opone a la de la alegría, o el " sonríe Dios te ama" o "Sonríe, te estamos filmando".

Me conmovió ver esos rostros, surcados por las arrugas, o por las huellas del cansancio, la mirada baja, el cuerpo balanceándose levemente en señal de inquietud por la espera.
¿Qué pesares nos aquejan?
¿Qué dolores confesados y ocultos nos ponen así, tristes, desesperanzados, agobiados?

¿Puede que sea producto de los problemas económicos y laborales que agobian a la mayoría de los argentinos?
¿ Puede que sea producto de nuestra idiosincrasia melancólica y "tanguera"?
¿Puede ser el residuo tóxico de la queja constante?
¿Puede ser la falta de fe en la vida y de Fe?

Difícil responder , aunque creo que de todo esto hay un poco.

Cada uno de nosotros puede ayudar a que esto mejore.

Un saludo cordial, un abrazo. Llamar a las personas por su nombre,agradecer.
No escatimar el "Por favor" o el " Muy amable" o el Gracias a usted".

Sonreír, reír de nada.

Escuchar buena música.Compartir momentos gratos con personas queridas.

Nada es tan terrible. Sólo las cosas terribles.

Como dijo San Francisco de Asís en su oración de la Serenidad:

Dios mío, concédeme serenidad ,

para aceptar lo que no puedo cambiar;

Valor para cambiar lo que puedo;

Y sabiduría para reconocer la diferencia.

San Francisco de Asís

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